Cuando se inventó a finales del siglo XIX, la Viscosa fue vista como una alternativa más barata a la seda, pero su cadena de elaboración presenta problemas para el medio ambiente. Se elabora a partir de la pulpa de los árboles, que se somete a un proceso de producción intensivo. El abastecimiento, basado en la irrigación, contribuye a la deforestación y el procesamiento utiliza productos químicos tóxicos perjudiciales para el medioambiente. Sin embargo, algunas empresas se han esforzado por mejorar la forma en que se obtiene y produce la viscosa para reducir su impacto. Canopy es una organización sin fines de lucro que trabaja con las marcas para verificar que en la cadena de suministro no haya madera procedente de bosques antiguos y en peligro de extinción. Canopy exige que la materia prima provenga de bosques certificados por el FSC, que todos los productos químicos utilizados se recuperen y que los procesos de blanqueo de la pulpa sean 100% libres de cloro para reducir significativamente las emisiones y el impacto en el agua.

Según Nicole Rycroft, fundadora de Canopy, que trabaja para proteger los bosques antiguos y en peligro de extinción del mundo, "tus camisas y tus faldas pueden estar hechas de los grandes bosques del mundo". Se cree que el 30% del rayón y la viscosa proceden de la pulpa de los árboles de bosques antiguos y en peligro de extinción. Cada año se talan 20 millones de árboles para fabricar ropa, una cifra que se duplicará en la próxima década.

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